Normalmente construyo mis recuerdos a partir de fotografías, pero estoy segura de que éste es real. Tenía unos 7 años cuando pasó. Lo sé porque escuchaba el llanto de mi hermana, que aún era un bebé de pocos meses. Yo estaba en el cuarto de baño grande de mi casa mirando las juntas de los azulejos verdes.
Antes de meterme en la bañera abrí el agua caliente para no notar el frío en los pies; entonces me di cuenta de que iba a pasar. Empecé a temblar y supe qué era la angustia. Pensé en quién había sido hasta entonces y en quién iba a ser a partir de ese momento. Creo que fue el mismo día que empecé a soñar finales.
Cuando tenía siete años supe que algún día iba a morir.
Estoy trabajando en una serie de retratos a los que he llamado Movie Portraits. La idea es introducir al personaje dentro de su secuencia favorita de la que considera la mejor película de la historia. ¿Qué os parece?
Muchas gracias a Luz y Luz por dejarse fotografiar.
Para Phillip Toledano, las fotografías deberían ser frases inacabadas. Este joven fotógrafo, que nació en Londres en 1968, desarrolla desde Nueva York un trabajo que roza el surrealismo sin dejar de lado lo político y lo social. Su obra se mueve entre el humor negro, la moda y lo íntimo sin dejar de lado la crítica y la sensibilidad. Read the rest of this entry »
Los días de niebla me fascinan. Parece que viajas a un país lejano, se distorsionan las formas de lo rutinario y es mucho más sencillo soñar que conoces nuevos mundos. Esta mañana he hecho el mismo camino de todas las mañanas pero parecía que me adentraba en un cuento ilustrado por Turner.
También me gusta mucho que Juan me hable mientras me estoy quedando dormida. Su voz es la que me mece y me lleva de la mano hacia los extensos terrenos de Morfeo.
Hace tiempo, realizar retratos de los fallecidos era una actividad común. Poco a poco se perdió esa costumbre y ahora incluso resulta algo grotesco pensar en fotografiar a alguien tras su defunción. Elizabeth Heyert ignoró todos estos tabúes cuando realizo la que, a día de hoy, es su obra más conocida: The travelers. Se trata de una serie en la que aquellos que han perdido la vida se presentan como durmientes, engalanados y con una sonrisa en la boca. Heyer usó para estas tomas un fondo neutro en negro y una iluminación tradicional en el mundo del retrato, fotografió a los muertos como vivos, y eso genera una sensación difusa en el espectador. Sabemos de boca de la autora que todos sus modelos serían enterrados poco después de que ella tomara esa foto, pero al ver las imágenes es difícil no pensar que simplemente duermen, en un intento burdo de mentir a la cámara sobre su propia muerte. El libro fue publicado en marzo del 2006 y fue nombrado por Photo Eye como el mejor trabajo del año.